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Corea en San Miguel: un puente de palabras entre dos culturas

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En San Miguel de Allende, donde las campanas marcan el ritmo del día y las calles guardan capas de historia, la literatura se prepara para ocupar el espacio público con una presencia que llega desde Asia. La Feria Internacional del Libro, en su tercera edición, coloca a Corea como país invitado y con ello abre una ventana a una tradición que busca resonar en otro idioma, en otro territorio.


No es un encuentro casual. Es el resultado de flujos culturales que, aunque distantes en geografía, coinciden en el interés por contar historias. Desde el Centro Cultural Coreano en México, la participación se entiende como una forma de aproximación. “Nosotros vamos a participar como país invitado de honor en la tercera edición de la Feria del Libro de San Miguel. Pero justamente vamos a traer nuestra cultura”, explicó Sooyi Mon.


La propuesta no se limita a los libros. En torno a ellos, se despliega un ecosistema cultural: traducciones al español, una autora invitada con obra difundida en distintos países, y expresiones como la danza y la música tradicional. “Esta participación no solamente literaria para nosotros y con ustedes, sino sobre todo un puente que esperamos que sea un puente para acercarnos un poco más”, señaló.


En el centro de esta narrativa aparece OWNY, una palabra coreana que significa armonía y conexión. El concepto resume la intención de un intercambio que no busca imponerse, sino dialogar. “Para mí la cultura se crea y se conoce a través de nuestras conversaciones, de nuestras conexiones entre dos culturas diferentes”, añadió Mon. En esa idea, la feria se convierte en territorio compartido.


El contexto también habla de movimiento. La presencia de Corea como invitado no ocurre en aislamiento, sino como reflejo de una relación en crecimiento. “Corea ha sido uno de los países emergentes que durante los últimos años hemos tenido más visitantes y ha crecido la demanda de visitantes de Corea a San Miguel de Allende”, indicó Tania Castillo, directora de Fomento Turístico.


La feria, en este sentido, no solo reúne lectores: articula dinámicas sociales. “Sin duda, la Feria del Libro, esta tercera edición de la Feria Internacional del Libro, es algo de suma importancia para San Miguel de Allende”, dijo. En una ciudad donde lo cultural forma parte de su identidad, el evento amplía su alcance hacia nuevas geografías.


El cambio de sede al jardín principal refuerza esta idea de apertura. El espacio público se transforma en escenario donde convergen voces, idiomas y miradas. Acacio Martínez, director de Cultura, lo plantea desde la continuidad histórica: “El objetivo de la feria es que San Miguel de Allende con toda la tradición intelectual que carga por siglos se actualice y ofrezca a la gente de hoy la posibilidad de tener un mundo de libros”.


Entre puestos de editoriales y recorridos de visitantes, la literatura deja de ser un acto individual para convertirse en experiencia colectiva. “Vamos a encontrar un catálogo increíble de posibilidades de lectura”, afirmó Martínez.


Así, entre el trazo colonial de la ciudad y las expresiones culturales que llegan desde Corea, la feria se configura como un punto de contacto. No solo entre países, sino entre formas de entender el mundo. En ese cruce, las palabras funcionan como guía: conectan, traducen y, sobre todo, permiten que dos culturas se reconozcan.